Una IA revisó 540 millones de años de fósiles y cuestiona tres extinciones
27 de octubre de 2026

Durante décadas, los científicos han contado la historia de la vida en la Tierra a través de cinco grandes catástrofes. Episodios en los que océanos enteros perdieron buena parte de sus especies, ecosistemas completos desaparecieron y la evolución tuvo que encontrar nuevos caminos. El más famoso ocurrió hace 66 millones de años, cuando el impacto de un asteroide contribuyó a la desaparición de los dinosaurios no avianos.
Pero ¿y si algunas de esas catástrofes no hubieran sido tan repentinas como muestran nuestros libros de historia natural?
Un equipo internacional de investigadores ha utilizado una inteligencia artificial llamada OneStrata para reconstruir la evolución de la biodiversidad marina a lo largo de cientos de millones de años. Los resultados sugieren algo inesperado: tres de las cinco grandes extinciones podrían haber aparecido como procesos mucho más prolongados y complejos de lo que indicaban las reconstrucciones tradicionales.
La investigación fue presentada el 12 de octubre de 2026 en una reunión de la Sociedad Geológica de Estados Unidos y posteriormente analizada por la revista Nature. Sus conclusiones son todavía preliminares, pero plantean preguntas importantes sobre nuestra manera de reconstruir el pasado.
Millones de fósiles y una IA que ha aprendido a leer la historia de la Tierra

Cada fósil es una pequeña pista sobre un momento del pasado. El problema aparece cuando intentamos combinar millones de pistas procedentes de distintos continentes y capas de roca para reconstruir una cronología coherente.
Los paleontólogos llevan décadas realizando ese trabajo mediante comparaciones entre especies, estratos geológicos y métodos de datación. Sin embargo, procesar enormes conjuntos de información puede exigir recursos informáticos extraordinarios.
El equipo dirigido por Shuzhong Shen, de la Universidad de Nanjing, encontró una alternativa inspirada en los modelos de lenguaje. OneStrata utiliza una arquitectura de inteligencia artificial conocida como transformer, capaz de reconocer patrones estadísticos. Pero en lugar de aprender relaciones entre palabras, analiza qué especies aparecen juntas en diferentes capas geológicas y cómo se distribuyen a través del tiempo.
Según el resumen científico presentado por los investigadores, el modelo trabajó con 31.044 secciones estratigráficas, 183.514 especies y aproximadamente 2,85 millones de registros fósiles, además de 449 dataciones de alta precisión.
Con esa información, los científicos reconstruyeron la evolución de más de 110.000 especies marinas durante unos 540 millones de años, alcanzando una resolución temporal estimada cercana al millar de años. No significa que cada fósil pueda fecharse con una precisión real de mil años, sino que el modelo permite producir una reconstrucción estadística con intervalos mucho más pequeños que los empleados tradicionalmente.
Tres grandes extinciones podrían esconder una historia completamente diferente
Aquí llegó la sorpresa. Al reconstruir los cambios de biodiversidad, OneStrata identificó dos grandes colapsos especialmente marcados: el ocurrido al final del Ordovícico, hace aproximadamente 444 millones de años, y el del final del Pérmico, hace unos 252 millones de años.
Pero las otras tres extinciones tradicionalmente incluidas entre las cinco grandes (Devónico tardío, final del Triásico y final del Cretácico) aparecieron como descensos globales más débiles o graduales, distribuidos a lo largo de periodos extensos.
Según explicó Shen a Nature, esto no significa necesariamente que aquellas extinciones no ocurrieran. Una posibilidad es que muchas especies desaparecieran mientras otras surgían y ocupaban progresivamente su lugar. Ese recambio podría suavizar las caídas cuando se observa la biodiversidad global.
El caso del final del Cretácico es especialmente delicado. Existen abundantes pruebas independientes del impacto de un asteroide y de desapariciones rápidas en numerosos grupos de organismos. Una curva global reconstruida mediante IA no invalida por sí sola esas evidencias.
El hallazgo podría reescribir parte de la historia evolutiva, pero los científicos piden cautela

Las conclusiones han despertado interés, aunque también escepticismo. Erin Saupe, paleontóloga de la Universidad de Oxford, ha advertido de que los patrones detectados podrían estar influidos por sesgos del registro fósil. No todos los organismos tienen las mismas probabilidades de conservarse, y tampoco todas las regiones del planeta han sido investigadas con igual intensidad.
Matthew Clapham, de la Universidad de California en Santa Cruz, también considera necesario comprobar cuánto conocimiento realmente nuevo aporta esta reconstrucción frente a los estudios regionales de alta resolución. Además, los resultados de OneStrata se han presentado mediante un resumen de congreso. Todavía será necesario examinar una publicación científica completa y sus métodos antes de aceptar cambios tan profundos en la interpretación de las extinciones.
El hallazgo demuestra, en cualquier caso, hasta dónde puede llegar la inteligencia artificial cuando se combina con grandes bases de datos paleontológicas.
Durante siglos, hemos reconstruido la historia de la vida utilizando fragmentos de roca dispersos por el planeta. Ahora tenemos herramientas capaces de buscar patrones entre millones de esos fragmentos. Y quizá la gran sorpresa no sea descubrir que algunas extinciones fueron menos bruscas, sino comprender que la historia de la Tierra es mucho más complicada que una sucesión de cinco catástrofes.
