Una decisión académica que podría quedar obsoleta antes de lo esperado
20 de diciembre de 2025

Con el cierre de 2025 y un mercado laboral en plena transformación, miles de jóvenes se preguntan qué estudiar para no quedar desplazados por la inteligencia artificial. En ese contexto, las palabras de Sam Altman, una de las voces más escuchadas del sector tecnológico, funcionan como una señal temprana sobre los cambios profundos que se avecinan y las decisiones que podrían marcar el futuro profesional.
La carrera que pierde terreno ante el avance imparable de la IA
Durante una entrevista con Tucker Carlson, Altman fue directo al señalar que ciertas profesiones están entrando en una zona de alto riesgo. Según explicó, los trabajos ligados al soporte al cliente (ya sea telefónico o informático) figuran entre los primeros en verse desplazados. La razón no es ideológica ni teórica: la inteligencia artificial ya ejecuta esas tareas con mayor velocidad, precisión y disponibilidad que los humanos.
Este fenómeno no se limita a una predicción aislada. Un relevamiento global de Salesforce muestra que la IA no solo automatiza respuestas, sino que está redefiniendo la estructura misma de los equipos de atención al cliente. Actualmente, cerca de un tercio de estos casos ya son gestionados por sistemas inteligentes, y las proyecciones indican que en pocos años esa proporción podría superar la mitad.
Por qué algunos trabajos resisten mejor de lo esperado
A pesar de este panorama, Altman no adopta una postura catastrofista. Frente a visiones más extremas, como la de Elon Musk, quien ha sugerido que la IA superará pronto a médicos y abogados, el CEO de OpenAI introduce un matiz clave: los empleos que requieren una interacción humana profunda conservan una ventaja difícil de replicar.
El sector de la salud es uno de los ejemplos más claros. Allí, la empatía, el juicio clínico y la toma de decisiones en contextos ambiguos siguen siendo atributos esencialmente humanos. Altman recordó, además, la capacidad de adaptación demostrada por la sociedad durante la pandemia de COVID-19, un episodio que evidenció cómo las personas pueden reorganizarse rápidamente frente a escenarios inéditos.
La otra cara del avance tecnológico
Lejos de presentar a la inteligencia artificial como una amenaza absoluta, Altman subraya su potencial transformador. En su visión, la IA representa una auténtica “subida de nivel” para la humanidad, al permitir que millones de personas sean más productivas, más creativas e incluso capaces de acelerar descubrimientos científicos.
Un ejemplo concreto aparece en el mundo de la programación. Gracias a estas herramientas, los desarrolladores pueden escribir más código en menos tiempo, lo que multiplica su eficiencia. Sin embargo, Altman advierte que esta aceleración no implica necesariamente una rotación laboral inmediata o masiva, sino una redefinición progresiva de los roles.

Los riesgos que preocupan a los líderes del sector
El optimismo convive con advertencias serias. Altman reconoce que sus mayores temores no se centran en lo evidente, sino en las llamadas “incógnitas desconocidas”. Entre ellas, menciona la posibilidad de que la IA facilite el diseño de armas biológicas o la propagación de crisis sanitarias comparables al COVID.
A esto se suma la creciente dificultad para distinguir entre contenidos reales y generados artificialmente. Imágenes, voces y textos cada vez más convincentes podrían erosionar la confianza pública. Como respuesta, Altman propone mecanismos de verificación, como firmas criptográficas o palabras clave, pensados para reducir estafas y manipulaciones.
Coincidencias y matices con la visión de Bill Gates
La mirada de Bill Gates aporta otra capa al debate. Para el fundador de Microsoft, hay al menos tres áreas donde la intervención humana seguirá siendo crucial: programación, biología y energía. Aunque la IA pueda escribir código, Gates insiste en que la supervisión experta es indispensable para garantizar sistemas seguros y fiables.
En biología, disciplinas como la biotecnología y la medicina personalizada cobran un valor estratégico frente a nuevas enfermedades y desafíos sanitarios. En paralelo, la crisis climática coloca al sector energético en el centro de la escena, donde soluciones como el hidrógeno verde o la captura de carbono dependen, en última instancia, del ingenio humano.
Este nuevo escenario no plantea una respuesta simple sobre qué estudiar, pero sí deja una advertencia clara: el futuro del trabajo no se definirá solo por la tecnología, sino por la capacidad humana de adaptarse, crear y tomar decisiones donde las máquinas aún no llegan.
[Fuente: Infobae]
