Robots repartidores, bajo sospecha: los acusan de escanear rostros y manos
2 de noviembre de 2026

Los robots que llevan comida a domicilio se están convirtiendo en una presencia habitual en algunas ciudades de Estados Unidos. Equipados con cámaras, sensores e inteligencia artificial, estos vehículos autónomos pueden desplazarse por las veredas, evitar obstáculos y entregar pedidos sin necesidad de un repartidor.
Sin embargo, una nueva controversia pone en duda cómo utilizan la información que capturan durante sus recorridos.
Las empresas Coco Robotics y Serve Robotics enfrentan dos demandas colectivas presentadas el 9 de octubre de 2026 en Chicago. Los denunciantes aseguran que sus robots recopilaron información biométrica de clientes sin informarles ni solicitar su autorización.
Las compañías rechazan las acusaciones, pero el conflicto plantea una pregunta cada vez más relevante: ¿cuántos datos personales pueden registrar los robots que circulan por espacios públicos?
Los robots repartidores, acusados de escanear rostros y manos
Las demandas fueron presentadas en el condado de Cook, Illinois, y señalan posibles infracciones a la Ley de Privacidad de Información Biométrica del estado, conocida como BIPA.
Según los denunciantes, los robots utilizan cámaras y sensores para registrar características físicas de las personas que se acercan a retirar sus pedidos.
Las acusaciones mencionan mediciones de la geometría facial y de las manos, información que podría considerarse biométrica si reúne las características previstas por la legislación. Uno de los demandantes afirma que recibió un pedido de DoorDash mediante un robot de Coco Robotics, aunque no había seleccionado esa modalidad de entrega.
Al acercarse para retirar sus productos, sostiene que el dispositivo registró su rostro, cabeza y manos. También denuncia que un operador remoto supervisó el procedimiento mediante video.
Otro cliente describe una situación similar con robots de Serve Robotics utilizados para entregas de Uber Eats.

Qué hacen las cámaras y los sensores de estos dispositivos
Para desplazarse de manera autónoma, estos robots necesitan interpretar constantemente su entorno.
Sus sistemas combinan cámaras con tecnologías de detección de obstáculos. Algunos robots autónomos también incorporan LiDAR, una tecnología que utiliza pulsos láser para medir distancias y reconstruir espacios tridimensionales.
La controversia gira alrededor de qué sucede con los datos capturados durante ese proceso. Las demandas sostienen que parte de esa información podría almacenarse, utilizarse para entrenar sistemas de inteligencia artificial o compartirse con terceros.
Sin embargo, captar imágenes de una persona no significa necesariamente recopilar identificadores biométricos. Esa distinción será fundamental para determinar si existió alguna infracción.
Qué respondieron las empresas denunciadas
Coco Robotics rechazó las acusaciones y aseguró que no recopila información biométrica en Chicago.
La compañía también afirmó que no utiliza LiDAR en esa ciudad y que los datos compartidos con terceros corresponden a información anónima de navegación. Serve Robotics, por su parte, explicó que sus cámaras y sensores están destinados a garantizar desplazamientos seguros.
Además, aseguró que sus sistemas no están diseñados para identificar personas ni elaborar perfiles biométricos.
Ambas compañías adelantaron que defenderán sus posiciones frente a las demandas.
Una ley que podría cambiar el futuro de los robots repartidores
La legislación de Illinois establece obligaciones específicas para las empresas que recopilan identificadores biométricos.
Entre ellas se encuentran informar por escrito qué datos se obtienen, explicar su finalidad, establecer políticas de conservación y destrucción y conseguir el consentimiento correspondiente. Las demandas buscan indemnizaciones que podrían alcanzar los 5.000 dólares por cada infracción intencional o imprudente, según lo previsto por la normativa.
Mientras tanto, Chicago continúa desarrollando su programa piloto de robots repartidores, cuya autorización está prevista hasta mayo de 2027, salvo que las autoridades decidan modificarla.
Aunque todavía no se ha demostrado que las empresas hayan vulnerado la legislación, el caso podría convertirse en un precedente importante para el sector.
A medida que los robots autónomos ganan espacio en las ciudades, el desafío ya no consiste solamente en conseguir que circulen sin accidentes, sino también en garantizar que su tecnología respete la privacidad de quienes se cruzan en su camino.
Fuente: 20 Minutos.
