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Robots evolucionados por IA: máquinas raras que se mueven incluso rotas

26 de marzo de 2026

Robots evolucionados por IA: máquinas raras que se mueven incluso rotas

La robótica ha buscado durante años replicar la vida. Desde perros mecánicos hasta brazos que imitan músculos, pasando por máquinas que caminan como insectos o corren como atletas, el enfoque ha sido observar la naturaleza y emular lo que funciona. Sin embargo, un grupo de investigadores optó por un enfoque diferente. En lugar de diseñar un robot desde el principio, permitieron que una inteligencia artificial lo “evolucionara” por sí sola, y el resultado fue inusual.

Su apariencia no es atractiva, y esa es la idea

Un equipo de la Universidad Northwestern, en Estados Unidos, creó una nueva categoría de robots modulares llamada “legged metamachines”. Estas estructuras son ensamblables, formadas por módulos autónomos que pueden conectarse de diversas maneras para generar máquinas más complejas, capaces de moverse en entornos reales y funcionar incluso cuando algo falla. El estudio fue publicado en PNAS el 6 de marzo de 2026.

Cada módulo funciona como un robot miniatura completo, con su propio motor, batería y ordenador, todo contenido en una esfera central unida a dos barras que actúan como extremidades. Individualmente, cada pieza puede rodar, girar o saltar. Sin embargo, al unirse varias, surgen comportamientos mucho más sofisticados.

Lo más fascinante es que la forma final de estos robots no fue diseñada por humanos.

La IA no recibió instrucciones específicas: se le dio un objetivo

Robots evolucionados por IA: máquinas raras que se mueven incluso rotas
© Northwestern University.

Los investigadores no indicaron al sistema que “creara un perro robótico” o “construyera algo de cuatro patas”. En cambio, le proporcionaron un conjunto de piezas básicas y una meta clara pero desafiante: encontrar configuraciones que se movieran de manera eficiente y versátil.

A partir de ahí, el algoritmo comenzó a aplicar lo que mejor sabe hacer la evolución cuando se acelera con computadoras: probar, fallar, mutar y volver a probar. Generó miles de combinaciones, simuló su comportamiento, descartó las menos efectivas y conservó las más exitosas. Luego, combinó las mejores, introdujo variaciones y siguió refinando generaciones sucesivas. Sam Kriegman, el autor principal del estudio, lo resumió de esta manera: era “la supervivencia del más apto, acelerada por computadoras”.

El resultado fueron formas extrañas. Algunas se movían como una mezcla de foca, lagarto y juguete raro. Otras parecían errores geométricos que, de alguna manera, lograron aprender a desplazarse. Sin embargo, funcionaban.

Lo relevante no es su forma peculiar, sino su tenacidad

Tras la fase de simulación, el equipo construyó físicamente algunos de los diseños más prometedores, especialmente aquellos con tres, cuatro y cinco módulos. Luego, los llevaron al exterior y los probaron sobre grava, arena, barro, raíces, césped, hojas y ladrillos irregulares. Ahí se destacó su característica más notable: la resiliencia.

A diferencia de muchos robots actuales que quedan inservibles al perder una pata o sufrir un daño considerable, estas metamáquinas pueden seguir funcionando incluso después de romperse. Si un módulo se desprende, no se convierte en un trozo muerto de hardware, sino que sigue siendo una unidad operativa con capacidad de movimiento. Según los investigadores, estos robots pueden incluso “sobrevivir a ser cortados por la mitad” o desmembrados en varias partes.

Esto transforma la lógica tradicional de la robótica. Ya no se trata solo de construir una máquina que realice bien una tarea, sino de crear una que siga siendo útil incluso cuando el entorno la desafía, la derriba, la desgasta o la rompe.

Lo inquietante no es el robot, sino su creador

La parte más provocadora de este estudio no se limita al hardware, sino a la implicación que deja en el aire. Durante décadas, la mayoría de los robots bípedos tuvieron una limitación muy humana: su diseño era determinado previamente por un ingeniero. Esto implica que, en esencia, la robótica avanzaba dentro de un marco de intuiciones humanas.

Este trabajo sugiere un camino diferente: máquinas que no surgen de una idea preconcebida, sino de un proceso de exploración algorítmica. Robots cuya forma no responde a “lo que nos parece lógico”, sino a lo que verdaderamente funciona cuando un entorno, una tarea y un algoritmo interactúan entre sí.

Es posible que el futuro de la robótica no consista en edificar máquinas más estéticas, más humanas o más similares a los animales. Podría tratarse de permitir que los sistemas exploren configuraciones que nunca se nos habrían ocurrido.

Y, a decir verdad, eso es bastante fascinante. Pero también presenta un aspecto inquietante: cuando las máquinas comienzan a participar en el diseño de otras máquinas, ya no estamos simplemente fabricando herramientas, sino que empezamos a delegar la imaginación técnica.

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