F5 — El placer de escuchar

El placer de escuchar

Listo para reproducir

La trinchera techno derribó a Vučić

27 de octubre de 2026

La trinchera techno derribó a Vučić

Antes el techno no se bailaba para salir en la pantalla de un iPhone, sino con los ojos entornados en un sótano industrial donde el sudor y el futuro se confundían. No era una vía de escape domesticada por el bostezo del algoritmo, sino una trinchera. Y lo que pasó en Serbia el pasado domingo 25 de octubre nos ha pegado a todos una bofetada de realidad para recordarnos el peso de las cosas de verdad.

Texto: Fernando Fuentes

La noticia corre por los mentideros de la electrónica europea como un calambre: la juventud serbia ha logrado un vuelco histórico en el parlamento, provocando que el incombustible Aleksandar Vučić muerda el polvo. ¿El escenario? Las urnas, claro; pero el alma de esa resistencia se cocinó durante dos años en las pistas de baile.

Templos del techno quirúrgico como el Drugstore o el recién estrenado Karmakoma en Belgrado han estallado en mensajes de orgullo. Festivales con memoria histórica como el EXIT gritan a los cuatro vientos que la libertad ha vuelto.

“Hay algo poético en que el bombo a negras marque el ritmo de una demolición política”.

El detonante fue la tragedia. Aquel derrumbe en la estación de tren de Novi Sad en noviembre de 2024, que se llevó por delante 16 vidas y destapó las cloacas del poder. Mientras los despachos oficiales guardaban un silencio espeso, la escena de club se negó a mirar hacia otro lado. Se convirtieron en el altavoz de una generación asfixiada.

“No actuaron como empresarios del entretenimiento para turistas del clubbing masificado, sino como nodos de agitación“.

Empujaron a la gente a hacer colas kilométricas en los colegios electorales y reventaron los contadores con una participación del 70%, algo inédito desde la caída de Yugoslavia en 1992.

En Occidente nos empeñamos en aburguesar la escena. Confundiendo la salud cultural con las cifras de una cuenta corriente o los cachés astronómicos de DJs que ejercen de floreros. Pero el techno de verdad nunca fue música de evasión, sino de choque.

“Cuando el Drugstore etiqueta las celebraciones callejeras como ‘Raveland’, no hace marketing; bautiza un territorio recuperado al autoritarismo“.

Ver a una comunidad utilizar la pista de baile como el último reducto de libertad es la prueba de que el fuego no se ha extinguido. Hay esperanza fuera del bucle predecible de las redes sociales. Menos postureo y mucha más conciencia.

Tomemos nota en nuestras cómodas trincheras: la música sigue siendo peligrosa para las mentes cuadriculadas del poder. Votemos, bailemos y, sobre todo, no dejemos de incomodar al sistema.