Harvard clonó con IA a sus profesores para entrenar emprendedores
25 de octubre de 2026

Practicar una presentación frente a un inversor es una de las experiencias más estresantes para quien quiere fundar una empresa. Harvard Business School encontró una forma de multiplicar esas oportunidades de práctica sin multiplicar a sus profesores: creó réplicas digitales de ellos con inteligencia artificial.
El programa se llama HBS Foundry y es un curso en línea de ocho semanas para emprendedores que cuesta 699 dólares, muy lejos de los casi 85.000 que cuesta un año de matrícula en la escuela de negocios. Comenzó en abril de 2026, tras una prueba piloto el año anterior, y se dio a conocer más ampliamente en agosto, a partir de un reportaje de The New York Times. No otorga títulos ni créditos académicos, pero ya lo completaron unos 760 fundadores.
Cómo funcionan los clones

Siete profesores aceptaron de forma voluntaria tener su propio avatar. Para crearlos, cada docente participó en entrevistas y sesiones de grabación con HeyGen, una empresa especializada en videos generados con IA. El resultado son figuras en video que responden preguntas en pantalla, acompañadas de una ventana de chat, y que reproducen los criterios, el estilo y los materiales de cada profesor.
Los alumnos los usan para ensayar situaciones concretas. Primero presentan su idea como si estuvieran frente a un inversor, luego como una llamada de ventas, y recién después se enfrentan a un inversor real. Los más prometedores son invitados a Harvard para competir por 100.000 dólares en financiamiento. Además del trabajo con los avatares, el curso incluye sesiones semanales en vivo con fundadores, inversores y profesores.
Según Tom Eisenmann, uno de los codirectores académicos del programa, los avatares fueron diseñados para cuestionar las ideas de los alumnos, no para darles la razón. Algunos participantes pasaron hasta 10 horas seguidas conversando con uno de ellos. El equipo también descubrió un detalle curioso: los alumnos usaban más el chat cuando se agregó una foto del profesor, así que la mantuvieron.
Escalar a un profesor
Entre los docentes clonados están Jeffrey Bussgang, profesor y cofundador de la firma de capital de riesgo Flybridge, y Shikhar Ghosh, que fundó ocho empresas tecnológicas antes de dedicarse a la docencia. Ghosh sostiene que el avatar nunca fue pensado para reemplazarlo, sino para que el tiempo que pasa en persona con los emprendedores rinda más. También actualiza su clon cuando cambia de opinión sobre algún tema.
Bussgang, por su parte, reconoció que la experiencia puede resultar algo inquietante, pero aseguró que a sus alumnos les encanta. Katharina Rings, directora del proyecto, afirmó que los usuarios parecen confiar más en los avatares cuando están basados en una persona específica y no en un asistente genérico.
Las dudas que deja
La iniciativa también abrió preguntas. La más obvia es la precisión: un avatar puede atribuirle a un profesor respuestas equivocadas, desactualizadas o que no reflejan su opinión real. En una prueba, una periodista presentó al avatar una idea absurda, un «Uber de bananas». El clon no se dejó convencer, pero repetía una y otra vez el mismo movimiento de hombros, un detalle que delataba que no era una persona real.
Otra cuestión es la evaluación. Rings reconoció que todavía no hay estudios a largo plazo que comparen a los emprendedores entrenados con avatares con los que no los usaron. Las encuestas internas indican que los participantes llegan más seguros y con presentaciones más precisas, pero eso no prueba que el método sea mejor que la enseñanza tradicional.
David Joyner, del Instituto de Tecnología de Georgia, advirtió sobre un riesgo adicional: los avatares creados a partir de grabaciones antiguas, sin la participación activa del docente, pueden terminar representando algo que esa persona ya no piensa. En el caso de Harvard, los profesores participaron en la creación de sus clones y pueden revisarlos y modificarlos.
Una tendencia que crece
Harvard no es la primera. El Imperial College de Londres ya creó gemelos digitales de algunos de sus profesores, y el Instituto de Tecnología de Georgia usa desde hace años una asistente de enseñanza basada en IA llamada Jill Watson. Según la escuela de negocios, más de 100 universidades de Estados Unidos ya probaron el modelo de Foundry.
Las reglas también empiezan a llegar. En la Unión Europea, la Ley de IA obliga desde agosto de 2026 a informar a los usuarios cuando interactúan con un sistema de inteligencia artificial y a identificar los contenidos que imitan de forma realista a personas reales. Mientras tanto, la pregunta de fondo sigue abierta: si un clon puede enseñar como un profesor, cuál es el valor de tener al profesor de verdad.
