Europa teme repetir con la eólica el caso de los autos eléctricos; China avanza
23 de octubre de 2026

Europa lleva años intentando proteger su autonomía industrial mientras acelera la transición hacia las energías renovables. La competencia china ya ha transformado el mercado de los coches eléctricos y las baterías, pero ahora empieza a plantear un desafío semejante en un sector que hasta hace poco parecía mucho más protegido: la fabricación de enormes aerogeneradores.
La protagonista de este nuevo movimiento es Ming Yang Smart Energy, una de las principales empresas eólicas de China. Su estrategia consiste en desarrollar turbinas adaptadas a las condiciones europeas, competir con fabricantes establecidos y producir directamente dentro del continente.
El plan ha encontrado resistencias políticas, especialmente en Reino Unido, pero también está abriendo oportunidades en otros países, entre ellos España. La gran cuestión ya no es solamente quién construirá los próximos parques eólicos europeos, sino quién fabricará las máquinas y controlará su tecnología.
China ya fabrica aerogeneradores de 18,5 MW y quiere llevarlos a los mares europeos

Ming Yang está preparando tres plataformas dirigidas a diferentes mercados. Para el sur de Europa propone la MySE 6.25-172/182, una turbina terrestre de 6,25 MW diseñada para zonas con vientos moderados. Para regiones con recursos eólicos más intensos desarrolla la MySE 8.0-175, de 8 MW. Sin embargo, su proyecto más ambicioso apunta al mar.
La ficha técnica oficial de Ming Yang describe la MySE 18.5-260, una turbina marina de 18,5 MW con un rotor de 260 metros de diámetro y una vida útil de diseño de 35 años.
El tamaño es importante porque una máquina más potente puede reducir el número de aerogeneradores necesarios para alcanzar determinada capacidad instalada. Eso podría disminuir ciertos costes de montaje y mantenimiento, aunque el resultado económico depende también de la fiabilidad, las condiciones del emplazamiento y la infraestructura eléctrica.
La compañía sostiene que su plataforma puede competir con las mayores turbinas disponibles en Europa. No obstante, las dimensiones y la potencia nominal no demuestran por sí solas una ventaja comercial: también es necesario acreditar rendimiento, seguridad y durabilidad.
Reino Unido cerró la puerta a Ming Yang, pero España aparece como posible alternativa

La empresa china no parte de cero en Europa. Desde 2022, sus aerogeneradores funcionan en Beleolico, un parque eólico marino situado frente al puerto italiano de Taranto. La instalación cuenta con diez turbinas de 3 MW, una capacidad conjunta de 30 MW y fue uno de los primeros proyectos de su clase en el Mediterráneo.
La presencia está documentada por la Autoridad Portuaria de Taranto y confirma que Ming Yang ya tiene experiencia comercial en suelo europeo. El salto industrial que busca ahora es mucho mayor. Ming Yang había propuesto invertir 1.500 millones de libras en una fábrica en Ardersier, Escocia, pero el Gobierno británico anunció en marzo de 2026 que no respaldaría el empleo de sus turbinas en proyectos eólicos marinos nacionales por razones de seguridad.
La declaración oficial del Parlamento británico confirma la decisión, aunque no establece que todas las inversiones industriales chinas estén prohibidas. Después del rechazo, la empresa comenzó a estudiar otras localizaciones. Reuters confirmó en mayo que España figuraba entre los países considerados, aunque no existe una fábrica española anunciada oficialmente.
Europa necesita más energía eólica, pero también quiere conservar su industria
El dilema europeo combina tres intereses que no siempre coinciden: instalar energías renovables a precios competitivos, preservar empleos industriales y garantizar la seguridad de infraestructuras estratégicas.
Los fabricantes chinos pueden aportar competencia, tecnología e inversión local. Para los gobiernos europeos, sin embargo, la procedencia de los sistemas electrónicos, los mecanismos de control remoto y el acceso a datos operativos también plantean preocupaciones de ciberseguridad. La Comisión Europea reconoce el desafío industrial. Su Plan de Acción Europeo para la Energía Eólica contempla mejoras en financiación, subastas, cadenas de suministro y condiciones de competencia para fortalecer la fabricación europea.
La entrada de Ming Yang tampoco garantiza que Europa vaya a repetir lo sucedido con determinados segmentos de los vehículos eléctricos. El sector eólico tiene sus propias barreras: transporte de componentes gigantescos, mantenimiento durante décadas, certificaciones técnicas y requisitos de seguridad. Pero la presión competitiva ya resulta evidente. La compañía china no pretende limitarse a exportar máquinas más baratas: quiere diseñarlas para Europa, construirlas con trabajadores europeos y formar parte de sus cadenas de suministro.
Para España, una hipotética fábrica podría significar empleo e inversión. Para los fabricantes establecidos, supondría competir con un nuevo rival en su propio mercado. Y para los reguladores, la decisión exigirá equilibrar beneficios industriales con riesgos estratégicos.
Europa todavía conserva importantes capacidades en tecnología eólica. La pregunta es si conseguirá fortalecerlas mientras incorpora nuevas inversiones o terminará aumentando su dependencia de proveedores extranjeros en otra industria esencial para su transición energética.
