Europa prueba energía del Atlántico sin sol ni viento
15 de octubre de 2026

A simple vista, el océano parece una enorme masa de agua cuya energía puede aprovecharse mediante las olas, las mareas o las corrientes marinas. Sin embargo, bajo su superficie existe otra fuente energética mucho menos conocida. Mientras el Sol calienta las capas superiores, el agua de las profundidades permanece fría incluso en regiones tropicales.
Esa diferencia de temperatura podría convertirse en electricidad sin necesidad de quemar combustibles fósiles. Y, a diferencia de la energía solar o eólica, el recurso térmico no desaparece al anochecer ni depende directamente de que sople el viento.
Ahora, frente a las costas de Gran Canaria, un prototipo flotante está poniendo a prueba una de las piezas fundamentales para convertir esa posibilidad en una tecnología comercial. El proyecto se llama PLOTEC y está liderado por la empresa británica Global OTEC, con la participación de la Plataforma Oceánica de Canarias (PLOCAN) y financiación europea. Su objetivo es desarrollar sistemas capaces de aprovechar el calor del océano incluso en regiones expuestas a fuertes tormentas.
Una central eléctrica que utiliza agua caliente arriba y agua fría abajo

La tecnología se conoce como conversión de energía térmica oceánica, u OTEC por sus siglas en inglés. Su funcionamiento parte de un principio termodinámico relativamente sencillo: utilizar dos fuentes a distintas temperaturas para impulsar un ciclo de generación eléctrica. Según explica la Administración de Información Energética de Estados Unidos, estos sistemas suelen necesitar una diferencia térmica de al menos 20 °C para funcionar de manera suficientemente eficiente.
En un sistema de ciclo cerrado, el agua cálida superficial transfiere calor a un fluido de trabajo con un punto de ebullición bajo, como el amoniaco. Al evaporarse, el fluido mueve una turbina conectada a un generador. Después, el agua fría extraída de las profundidades condensa el vapor para que el proceso vuelva a comenzar.
El océano actúa simultáneamente como fuente de calor y como sistema de refrigeración, sin que sea necesario quemar combustible. La idea tiene más de un siglo de historia y ya existen instalaciones experimentales, especialmente en Hawái. La dificultad está en construir sistemas suficientemente grandes, eficientes y resistentes como para generar electricidad a precios competitivos.
Canarias acaba de superar una de las pruebas más difíciles

El proyecto PLOTEC comenzó en noviembre de 2022 con un presupuesto de aproximadamente 3,5 millones de euros aportados mediante programas europeos y británicos.
Su prototipo, bautizado como Don, consiste en una estructura flotante de casco cilíndrico diseñada para soportar condiciones marítimas adversas. En octubre de 2025, el equipo instaló el casco frente a la costa de Telde, dentro del banco de ensayos de PLOCAN. Durante los meses posteriores comenzó a evaluar su comportamiento real frente al oleaje y los movimientos del Atlántico.
El avance decisivo llegó en abril de 2026, cuando Global OTEC anunció la instalación y conexión de la tubería vertical destinada a captar agua fría. Esta infraestructura representa uno de los principales desafíos de la tecnología: transportar enormes cantidades de agua desde profundidades considerables sin comprometer la estabilidad de la plataforma.
La estructura incorpora sensores para medir sus movimientos y comprobar si los modelos informáticos utilizados durante su diseño reflejan correctamente las condiciones reales del océano. Sin embargo, hay una precisión importante: Don es principalmente un prototipo de validación estructural, no una central comercial que ya suministre electricidad a Gran Canaria.
La energía que podría funcionar las 24 horas todavía tiene una cuenta pendiente

El principal atractivo de OTEC es su capacidad potencial para generar electricidad de forma continua en regiones donde las diferencias de temperatura oceánica son suficientemente elevadas durante todo el año. Esto podría resultar especialmente útil para pequeñas islas que dependen de combustibles importados y disponen de poco terreno para grandes instalaciones renovables. Pero aprovechar una diferencia de unos 20 grados también implica trabajar con una eficiencia térmica limitada. Además, las bombas necesarias para mover el agua consumen parte de la electricidad producida.
A esto se suman los costes de instalación, mantenimiento marino, corrosión, crecimiento de organismos sobre las estructuras y posibles impactos ambientales de la captación y descarga de agua.
El ensayo canario busca resolver precisamente algunos de esos obstáculos, especialmente los relacionados con la resistencia de las plataformas flotantes. Global OTEC también ha comenzado a estudiar nuevas aplicaciones en otras regiones. En septiembre de 2026, anunció una investigación técnica en Bahamas, donde los combustibles importados todavía dominan la producción eléctrica.
Los resultados comerciales siguen pendientes, pero Canarias está contribuyendo a responder una pregunta fundamental: si una tecnología conocida desde hace más de un siglo puede finalmente funcionar a gran escala en mar abierto. Porque, si consigue superar sus limitaciones técnicas y económicas, el océano podría ofrecer algo especialmente valioso para el futuro energético de las islas: electricidad renovable incluso cuando no brilla el Sol y el viento deja de soplar.
