España diseñó un vehículo de 15 metros que recorre 3.400 km sin combustible
25 de octubre de 2026

Durante décadas, explorar el interior de la Antártida ha significado enfrentarse a un problema tan complicado como las temperaturas extremas: transportar suficiente combustible para mover vehículos pesados a través de miles de kilómetros de hielo. Cuanto más lejos se pretende llegar, más recursos hay que transportar y mayor se vuelve la dependencia de una logística costosa.
Un explorador español lleva 25 años intentando resolver ese problema de una manera completamente diferente. Su propuesta no consiste en desarrollar un motor más potente ni en instalar enormes baterías, sino en aprovechar una de las fuerzas más abundantes del continente: el viento.
El resultado es el Trineo de Viento, un vehículo de 15 metros de longitud diseñado por Ramón Larramendi que protagonizará una expedición de aproximadamente 3.400 kilómetros por el interior antártico. Durante unos 80 días transportará instrumentos para desarrollar 16 proyectos científicos, impulsado por grandes cometas y alimentando sus equipos mediante paneles solares.
La misión, presentada oficialmente por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades de España, forma parte de la XL Campaña de Investigación Antártica y pretende demostrar que es posible investigar regiones extremadamente aisladas sin depender de combustibles fósiles para desplazarse.
Un laboratorio de 15 metros que utiliza cometas en lugar de motores

El funcionamiento del vehículo combina una idea ancestral con tecnología científica contemporánea. Cuatro plataformas montadas sobre patines forman una estructura modular que puede transportar hasta 2.100 kilogramos de carga. Una de ellas alberga instrumentos científicos, otra está destinada al control de las cometas, mientras que las restantes permiten alojar a la tripulación y transportar provisiones.
Para desplazarse, el equipo contará con 20 cometas de superficies comprendidas entre cinco y 150 metros cuadrados. La elección dependerá de la intensidad y dirección del viento, que ejercerá la fuerza necesaria para arrastrar el conjunto sobre el hielo.
En condiciones favorables, el sistema puede alcanzar puntualmente los 80 kilómetros por hora, aunque su velocidad media de desplazamiento se sitúa alrededor de los 25 kilómetros por hora. La electricidad necesaria para los instrumentos procede de paneles fotovoltaicos.
El concepto tampoco es un experimento improvisado. Según la organización Tierras Polares, Larramendi ha desarrollado distintas versiones del vehículo durante más de dos décadas y ha recorrido con ellas más de 28.000 kilómetros en 13 expediciones.
La ruta atravesará algunos de los lugares más inaccesibles del planeta

El desafío no estará únicamente en la distancia. La expedición comenzará cerca de la base rusa de Novolazárevskaya, en la Tierra de la Reina Maud, y avanzará hacia la estación franco-italiana Concordia, situada en Domo C.
Entre ambos puntos atravesará una de las regiones más aisladas de la Tierra. La ruta incluye el Polo de Inaccesibilidad, situado a unos 3.700 metros de altitud, y las proximidades de Vostok, donde se registró la temperatura más baja medida directamente en superficie terrestre.
Durante el recorrido están previstas cinco estaciones científicas, paradas prolongadas en las que los expedicionarios recogerán muestras y efectuarán experimentos. El equipo estará integrado por Larramendi, Hilo Moreno, Mariusz Potocki y Javier Selva.
A diferencia de una expedición convencional, que puede necesitar transportar enormes cantidades de combustible o establecer depósitos de abastecimiento, el trineo aprovechará directamente las condiciones ambientales para seguir avanzando. Sin embargo, tiene una limitación importante: su desplazamiento depende de los vientos disponibles y no puede controlarse con la misma libertad que un vehículo motorizado.
Dieciséis experimentos científicos y una misión que también mira hacia Marte

Más allá de probar una tecnología de transporte, la principal finalidad de esta expedición es científica. Los instrumentos que viajarán a bordo servirán para desarrollar 16 investigaciones vinculadas con el clima, la composición del hielo, los contaminantes y la búsqueda de vida microbiana.
Algunos experimentos estudiarán microplásticos y compuestos químicos persistentes en regiones donde obtener muestras resulta extremadamente difícil. Otros analizarán el magnetismo terrestre, los sistemas europeos de navegación Galileo y la acumulación de nieve sobre la meseta antártica.
También existen proyectos directamente relacionados con la exploración espacial. La Universidad de Cádiz participa con investigaciones sobre el aislamiento y las condiciones extremas, mientras que otros equipos utilizarán instrumentos y procedimientos de interés para futuras misiones planetarias.
La expedición no estará completamente libre de combustibles: se prevé utilizar combustible para cocinar, aunque no para mover el vehículo. Esa distinción es importante porque el propósito no es eliminar cualquier consumo energético, sino demostrar que se pueden recorrer enormes distancias sin quemar combustible para la propulsión.
Si la travesía cumple sus objetivos, el Trineo de Viento quedará desmontado en Concordia para una futura expedición en dirección contraria. La idea es convertirlo progresivamente en una plataforma científica capaz de regresar a regiones remotas y realizar mediciones comparables a lo largo del tiempo. Y ahí reside posiblemente la parte más interesante del invento español: recuperar el principio de una cometa para abrir una nueva forma de investigar uno de los últimos grandes territorios inexplorados de la Tierra.
