El deporte evoluciona hacia un equilibrio entre mando y cuerpo
2 de abril de 2026

A estas alturas, el phygital ya no necesita presentarse como una rareza híbrida entre deporte y videojuego. Después de varios años de expansión, torneos oficiales y eventos como los Games of the Future, la conversación empezó a moverse hacia otro lugar: no tanto qué es, sino en qué se está convirtiendo.
En charla con Gizmodo, Dan Merkley, presidente y director general de la World Phygital Community, sostiene que el formato ya dejó atrás la fase de experimento y ha entrado en una etapa donde la verdadera prueba ya no es llamar la atención, sino demostrar que puede consolidarse como una disciplina con estructura, proyección y peso propio.
El phygital ya no se comporta como una novedad

Durante sus primeros años, el phygital se movió en un terreno ambiguo: lo bastante llamativo como para captar atención, pero todavía demasiado nuevo como para ser leído con las mismas categorías que el deporte tradicional o los esports. Hoy, según Dan Merkley, esa etapa empieza a quedar atrás.
“El phygital ya no se comporta como una simple curiosidad entre el gaming competitivo y la actividad física”, viene a sostener el dirigente de la World Phygital Community, que en los últimos meses ha visto cómo el ecosistema ampliaba su red hasta 119 miembros en 115 países, una señal de que el formato está entrando en una fase más estructurada y menos experimental.
Para Merkley, el crecimiento no se explica solo por una cuestión organizativa o de calendario, sino por algo más profundo: la capacidad del formato para conectar con una generación que ya no vive el espacio digital y el físico como compartimentos separados. “El deporte phygital conecta el gaming competitivo con la actividad física de una forma que resulta natural para la generación actual, que ya se mueve con fluidez entre los espacios digitales y físicos”, explica.
La idea es importante porque marca una diferencia clave. El phygital no intenta simplemente “mezclar” dos mundos que antes estaban separados, sino responder a una lógica cultural que ya existe. En ese sentido, no aparece tanto como una anomalía dentro del deporte contemporáneo, sino como una consecuencia bastante coherente de cómo cambió la competencia en la era digital.
Desde esa mirada, el verdadero salto no está solo en el número de torneos o en la visibilidad creciente del formato, sino en el hecho de que ya empieza a pensarse con vocabulario de ecosistema: reglas, estructuras, clasificación, desarrollo territorial y una narrativa competitiva que va mucho más allá de la exhibición. “Nuestra misión es promover el phygital en todo el mundo, impulsar la innovación y definir las reglas de la competición”, resume Merkley.
Ese cambio de escala también se apoya en eventos que ya dejaron de funcionar solo como vitrina. En esa línea, Merkley destaca el impacto de los Games of the Future Abu Dhabi 2025, que reunieron a más de 850 participantes de más de 60 países y superaron los 460 millones de visualizaciones globales. Más que una cifra de audiencia, para la organización fue una prueba de otra cosa: que el phygital ya puede mostrarse a gran escala sin parecer un experimento en beta.
España empieza a jugar un papel más importante de lo que parece

Si el crecimiento global del phygital marca una tendencia, lo que empieza a verse en España ayuda a entender cómo esa expansión puede traducirse en estructura real. Los torneos celebrados en Valencia, con disciplinas como Phygital Football, Basketball, Shooter y Dancing, no funcionaron solo como exhibición, sino como una señal de que el formato empieza a encontrar espacios donde desarrollarse con cierta continuidad.
Para Dan Merkley, lo más relevante no fue únicamente la organización del evento, sino la actitud del ecosistema local. “Lo que más me llamó la atención fue la ambición por adoptar lo que viene. Se percibía no solo en los jugadores y organizadores, sino en todo el entorno”, explica.
Esa sensación de ecosistema en construcción es lo que diferencia este tipo de iniciativas de los primeros eventos phygital, más cercanos a la demostración que a la competencia consolidada. En el caso de Valencia, además, se sumaron dos factores que para la World Phygital Community son especialmente estratégicos: infraestructura deportiva de alto nivel y conexión directa con el ámbito educativo.
“La ciudad, con espacios como la Ciutat del Basket o el nuevo Roig Arena, muestra hasta qué punto se está apostando por el deporte. Pero al mismo tiempo, el hecho de que el evento se celebrara en la Universitat Politècnica de València indica algo igual de importante: el vínculo con la educación”, señala Merkley.
Ese cruce entre deporte e institución educativa no es menor. De hecho, forma parte del modelo que la WPC está intentando impulsar a nivel global, donde el phygital no solo se desarrolla en circuitos competitivos, sino también en entornos formativos que funcionan como puerta de entrada al ecosistema.
Uno de los momentos más significativos del evento en España fue la participación del primer equipo femenino de Phygital Basketball en un torneo rankeado, un hito que, más allá del resultado deportivo, marca una línea de desarrollo clara. “Es una señal importante de inclusión y de las oportunidades que este formato puede generar”, apunta Merkley.
El propio rendimiento del equipo refuerza esa idea. Según explica, las jugadoras identificaron rápidamente su punto débil (la fase digital), trabajaron sobre ello y lograron incluso imponerse en una de esas instancias. “Eso es lo que hace interesante al phygital. Los competidores llegan con perfiles distintos, pero cuando entienden el equilibrio que exige el formato, se implican de verdad”.
En conjunto, lo que deja el caso español es una conclusión bastante clara: el país no está simplemente sumándose a una tendencia, sino participando activamente en su construcción. “España no solo está participando en el crecimiento del phygital, está ayudando a darle forma”, resume Merkley.
El atleta phygital ya no encaja en las categorías tradicionales

Uno de los puntos más interesantes del crecimiento del phygital no está solo en los torneos, las audiencias o la expansión geográfica, sino en el tipo de competidor que empieza a producir. Porque, en la práctica, este formato está obligando a revisar una distinción que durante años pareció bastante estable: la que separaba al atleta del jugador competitivo.
Para Merkley, lo que está emergiendo no es simplemente una suma entre ambas figuras, sino un perfil distinto. “Un atleta phygital representa una nueva categoría de competidor: alguien capaz de rendir a alto nivel tanto en pantalla como en la arena física”, explica.
La frase no es menor, porque sugiere que el phygital no funciona solo como una alternancia entre dos fases distintas de competición, sino como una lógica de rendimiento completamente integrada. Ya no se trata de tener habilidad digital por un lado y capacidad física por otro, sino de combinar ambas bajo presión, dentro de una misma lectura competitiva.
Eso obliga a desarrollar un repertorio mucho más amplio que el que suele exigir un deporte tradicional o un esport por separado. “Estamos viendo el surgimiento de un atleta más versátil y adaptable, alguien que puede tomar decisiones en fracciones de segundo en un entorno digital y, al mismo tiempo, responder físicamente en una situación de competición real”, resume Merkley.
En otras palabras, el atleta phygital ya no encaja del todo en ninguna categoría clásica. No es únicamente un gamer que también corre, ni un deportista que además juega. Lo que el formato empieza a exigir es otra cosa: una combinación entre lectura táctica, coordinación, reflejos, resistencia, control mental y capacidad de adaptación que obliga a pensar el rendimiento desde un lugar mucho más híbrido.
Y ahí es donde el phygital empieza a resultar especialmente interesante como fenómeno cultural. Porque más allá del espectáculo o de la novedad, refleja un cambio generacional más profundo: el hecho de que la competencia, para muchos jóvenes, ya no está dividida entre lo “virtual” y lo “real”, sino que ocurre de forma continua entre ambos planos.
“En última instancia, el phygital está moldeando una generación de competidores que piensa el deporte de otra manera”, dice Merkley. “Las fronteras entre lo físico y lo digital ya no son tan claras: forman parte de una misma experiencia competitiva”.
Esa idea probablemente sea una de las más importantes de todo el fenómeno. Porque si el phygital logra consolidarse, no será solo porque haya encontrado un formato atractivo, sino porque está dando forma a un tipo de atleta que hace apenas una década prácticamente no tenía lugar dentro de las categorías deportivas convencionales.
La inclusión y las universidades pueden definir su verdadero crecimiento

Si el phygital quiere consolidarse de verdad, no le alcanzará con grandes escenarios, millones en premios o eventos capaces de generar titulares. Como cualquier disciplina que aspire a durar, su crecimiento real dependerá de algo menos espectacular, pero mucho más decisivo: la base.
Y ahí es donde entran dos factores que Dan Merkley considera fundamentales para el futuro del ecosistema: la inclusión y el trabajo en universidades, escuelas e iniciativas grassroots.
“Una de las cosas que más buscamos promover en el phygital es la inclusión y la igualdad de oportunidades”, explica. “A partir de los 16 años, cualquiera puede participar, sin importar su procedencia. No hacemos distinciones: si estás listo para agarrar el mando y luego entrar en la arena, tienes un lugar”.
Esa idea de acceso abierto no elimina la exigencia competitiva, pero sí modifica algo importante: quién puede sentirse interpelado por el formato. En muchos deportes tradicionales, las barreras de entrada suelen estar marcadas por años de especialización, estructuras rígidas o contextos muy determinados. El phygital, en cambio, todavía está en una etapa donde puede diseñar su cultura competitiva con otra lógica.
Para Merkley, uno de los ejemplos más claros de ese potencial se vio justamente en Valencia, con la participación del primer equipo femenino de Phygital Basketball en un torneo rankeado. “Fue una gran señal. Llegaron sabiendo que la fase digital era su punto más débil, trabajaron para mejorarla y terminaron ofreciendo un gran rendimiento, incluso ganando una de las fases digitales”, cuenta.
Ese tipo de experiencias no solo refuerza la idea de inclusión, sino que ayuda a entender por qué el phygital puede resultar especialmente atractivo para perfiles competitivos que quizá no habrían encontrado encaje tan fácilmente en estructuras más tradicionales. “Eso es lo que lo hace tan interesante”, dice Merkley. “La gente entra por razones distintas, pero cuando experimenta el equilibrio que exige el formato, entiende el desafío y se engancha”.
Pero el otro gran frente está fuera de la competición profesional: el ámbito educativo.
Para la World Phygital Community, las universidades y escuelas no son solo una herramienta de difusión, sino uno de los pilares sobre los que puede construirse un ecosistema duradero. “Estas iniciativas son increíblemente importantes para nosotros. Demuestran que el phygital no es solo para atletas de élite, sino un espacio donde cualquiera puede participar, desarrollar habilidades y formar parte de una comunidad en crecimiento”, afirma.
España vuelve a aparecer aquí como un caso especialmente relevante. Esta temporada, más de 200 estudiantes participaron en iniciativas vinculadas al phygital en la Universitat Politècnica de València (UPV), y según Merkley, el impacto fue casi inmediato: varios equipos universitarios terminaron compitiendo poco después en torneos Phygital Rivals.
Y el fenómeno no se limita al contexto español. La WPC asegura estar viendo desarrollos similares en países como Brasil, Serbia, Guatemala y Colombia, donde ya se están impulsando torneos escolares, competiciones juveniles y programas universitarios orientados a introducir el formato desde etapas tempranas.
Lo importante, en cualquier caso, va más allá de detectar talento. “Lo que construyen estas iniciativas no son solo futuros atletas”, resume Merkley. “También forman entrenadores, árbitros, organizadores y especialistas técnicos. En otras palabras, ayudan a crear el ecosistema completo”.
Y probablemente ahí esté una de las claves más serias del phygital: no solo en si logra producir estrellas o eventos virales, sino en si consigue desarrollar una estructura capaz de sostenerse cuando pase el efecto novedad.
Astana 2026 será la gran prueba de madurez

Si el crecimiento del phygital empieza a ser visible en torneos locales y circuitos en expansión, los Games of the Future 2026, que se celebrarán en Astana (Kazajistán) del 29 de julio al 9 de agosto, funcionarán como algo más que un gran evento: serán una prueba de escala.
Según adelanta Dan Merkley, la próxima edición reunirá a unos 900 participantes y desplegará un programa que combina disciplinas phygital (como Football, Basketball, Dancing, Shooter y Fighting) con competiciones de esports como MOBA en PC y móvil y Battle Royale. El premio total alcanzará los 4,75 millones de dólares, con torneos como el de Dota 2 en PC concentrando por sí solos un millón.
Pero más allá de las cifras, lo que está en juego es otra cosa: comprobar hasta qué punto el phygital puede sostener un nivel competitivo cada vez más alto y, al mismo tiempo, seguir ampliando su base internacional. “El progreso es claro”, sostiene Merkley. “Cada vez más países están entrando en los procesos de clasificación en múltiples disciplinas, lo que hace que el campo competitivo sea más diverso y representativo a nivel global”.
Ese crecimiento no solo se mide en cantidad de participantes, sino también en experiencia acumulada. A diferencia de las primeras ediciones, donde muchas selecciones llegaban desde cero, ahora empiezan a aparecer equipos con varias temporadas dentro del ecosistema phygital, algo que eleva el nivel de juego y cambia la dinámica competitiva. “Estamos viendo una combinación interesante entre equipos con experiencia y nuevos competidores, lo que introduce un grado de imprevisibilidad que hace la competición más atractiva”, explica.
Astana también marcará un cambio en la forma de presentar el evento. Lejos de concentrarse en una única sede, la competición se repartirá en cinco espacios distintos de la ciudad, con la intención de construir una experiencia más cercana a un festival que a un torneo tradicional. “Queremos crear algo que combine competición de élite con entretenimiento y participación del público”, señala Merkley.
En ese contexto, la presencia de países como España en los procesos de clasificación refuerza la idea de que el phygital ya no se articula en torno a unos pocos actores, sino que empieza a funcionar como un sistema competitivo más amplio, con múltiples niveles de entrada y progresión.
Y ahí es donde eventos como los Games of the Future dejan de ser únicamente una vitrina. Se convierten, más bien, en el espacio donde se mide si todo lo que se viene construyendo (desde universidades hasta torneos nacionales) realmente puede sostenerse cuando el nivel, la presión y la visibilidad aumentan.
Lo que está en juego no es solo un formato, sino una nueva categoría deportiva

A esta altura, la discusión sobre el phygital ya no pasa por si funciona como espectáculo. Eso, en buena medida, ya quedó demostrado. La cuestión es otra: si puede sostenerse como algo más que una combinación atractiva entre deporte y videojuego.
Para Dan Merkley, la respuesta no es excluyente. “Creo que es ambas cosas”, explica. “El phygital es una evolución del deporte, pero también se está consolidando como una nueva categoría en sí misma”. La clave, según plantea, está en que el formato no intenta forzar un cambio, sino reflejar uno que ya ocurrió. “Responde a la forma en que las nuevas generaciones entienden la competencia y el entretenimiento, moviéndose de manera natural entre lo digital y lo físico”.
Ese punto es importante porque desplaza la discusión. El phygital no aparece como una ruptura radical con el deporte tradicional, sino como una extensión lógica de un contexto cultural donde las fronteras entre ambos mundos son cada vez menos claras.
De cara a los próximos años, la apuesta de la World Phygital Community no parece centrarse únicamente en crecer, sino en profundizar. “La próxima década va a ser sobre integración y desarrollo en profundidad”, señala Merkley. Eso implica más países construyendo estructuras propias, más conexión entre escuelas, universidades y competición profesional, y una base de atletas cada vez más diversa, con mayor representación y presencia de equipos mixtos.
En ese escenario, la pregunta sobre si el phygital llegará a convertirse en una categoría deportiva reconocida empieza a perder peso. “La pregunta ya no es si se convertirá en una nueva categoría; en muchos sentidos, ya lo es”, afirma.
Lo que queda por delante no es tanto su legitimación interna, sino su reconocimiento externo. Es decir, si el resto del ecosistema deportivo (instituciones, audiencias, estructuras tradicionales) termina por asumir que esa nueva forma de competir ya está en marcha.
Y ahí es donde el phygital entra en una fase más exigente. Porque dejar de ser una promesa no depende solo de crecer, sino de sostenerse cuando la novedad desaparece.
Si quieres leer la entrevista completa con Dan Merkley en formato pregunta y respuesta, puedes hacerlo aquí.
