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Cuando las máquinas despiertan: la nueva ambición secreta de la IA física

22 de noviembre de 2025

Cuando las máquinas despiertan: la nueva ambición secreta de la IA física

La inteligencia artificial ya transformó nuestra vida mental, desde cómo buscamos información hasta cómo trabajamos. Sin embargo, una nueva fase comienza a tomar forma: la de la IA física, capaz de actuar en el mundo real y aprender tareas humanas complejas. Empresas de Estados Unidos, Japón, China y Europa están compitiendo por liderar una revolución que promete liberar tiempo… y generar nuevos miedos. Esta transición, fascinante y caótica, podría redefinir nuestra relación con las máquinas.

La frontera en la que la IA quiere ocupar espacio real

La IA dejó de ser solo un socio intelectual para intentar convertirse en un asistente físico. En Tokio, los investigadores de Enactic trabajan con brazos robóticos capaces de imitar a un operador humano que usa gafas de realidad virtual. Con entrenamiento suficiente, estos dispositivos pueden aprender a realizar tareas cotidianas sin supervisión humana: lavar platos, ordenar ropa o colaborar en residencias con escasez de personal.

Jensen Huang, director de Nvidia, lleva tiempo advirtiendo que la próxima gran ola es la IA física, una tecnología que comprende reglas del entorno, fuerzas, objetos y movimiento. No se trata de algoritmos que calculan: se trata de máquinas que actúan.

El interés empresarial es descomunal. Morgan Stanley prevé más de 1.000 millones de robots humanoides para 2050, una cifra que hace pocos años habría parecido pura ciencia ficción. Videos virales de androides chinos bailando, levantando peso o moviéndose como atletas han alimentado la euforia… pero también el temor social. Desde pérdida de empleos hasta riesgos de privacidad, la llegada de estos “ayudantes” plantea desafíos que aún nadie sabe resolver del todo.

El joven Hiro Yamamoto, CEO de Enactic, lidera uno de los desarrollos más ambiciosos: robots humanoides preparados para convivir con personas en entornos reales, caóticos y cambiantes, como geriátricos o centros de asistencia. “Tienen que ser absolutamente seguros”, advierte.

Cuando los robots comienzan a parecer humanos

China también acelera en esta carrera. En Cantón, XPeng presentó un humanoide que avanza con movimientos sorprendentemente naturales, cubierto por un traje blanco similar al de un esgrimista. La demostración arrancó aplausos y murmullos: el robot parecía una figura salida de un futuro cercano.

Aunque compañías como Boston Dynamics han dominado la escena durante años, la combinación china de apoyo estatal, cadenas de suministro robustas y ambición tecnológica está dinamizando la competencia. El propio CEO de XPeng, He Xiaopeng, confesó que quizá en una década se vendan más robots que autos.

Sin embargo, todavía existen limitaciones evidentes. Muchos humanoides pueden caminar o bailar de forma autónoma, pero manipular objetos sigue siendo un enorme desafío. Además, reemplazar manos robóticas dañadas es tan costoso que, en muchos sectores, un trabajador humano sigue siendo más rentable.
Aun así, los ejecutivos de XPeng creen que, con suficientes datos y entrenamiento, los robots podrían realizar casi cualquier tarea humana: ser niñeros, jardineros o incluso cocineros.

La nueva formación laboral de las máquinas

Entrenar un modelo de IA física es muy distinto a entrenar uno basado en texto. No basta con datos escritos: la máquina debe “ver”, interpretar distancias y comprender relaciones espaciales. Según Yamamoto, bastan entre 30 y 50 demostraciones por tarea para ajustar un modelo de visión-lenguaje-acción.

Enactic ya contactó a decenas de residencias japonesas para que sus robots teleoperados asuman tareas de limpieza y orden mientras los cuidadores se enfocan en los residentes. Algo similar intenta la startup 1X con su asistente doméstico NEO, que costará 20.000 dólares y llegará a hogares estadounidenses el próximo año. Sin embargo, su rendimiento aún es inestable: un video reciente lo muestra luchando por cerrar la puerta de un lavavajillas.

La brecha entre el “cerebro” de la IA y el cuerpo robótico se nota. Y a veces se convierte en espectáculo: un robot humanoide ruso cayó de bruces en su debut público, recordando que la robótica aún tropieza… literalmente.

Los límites físicos y el rol humano que aún resiste

Para la investigadora Sara Adela Abad Guaman, del University College London, el mayor problema no es la IA sino las limitaciones del diseño físico. “La naturaleza demuestra que para adaptarse al entorno es necesario el cuerpo adecuado”, afirma.

Es decir: el cerebro artificial avanza rápido, pero el cuerpo robótico todavía no alcanza su nivel.

¿Y el futuro del empleo humano? Abad no se muestra alarmada. Cree que, aunque los robots puedan aprender tareas complejas, hay algo que no lograrán imitar pronto: la riqueza sensorial y emocional del ser humano. “Nuestro sentido del tacto es incomparable”, resume.

Quizá esa sea la clave de la convivencia futura: entender que las máquinas aprenderán mucho, pero no todo. Y que el verdadero desafío no será solo que nos ayuden… sino que lo hagan sin dejarnos atrás.

 

[Fuente: La Nación]

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