Alemania da marcha atrás en la ‘Energiewende’ y busca fórmulas para volver a producir energía nuclear ante la crisis energética
22 de noviembre de 2025

La transformación energética alemana que durante años apostó por eliminar la energía nuclear y centrar la estrategia en renovables y eficiencia, se encuentra hoy en un punto de inflexión. Ante la creciente tensión por los precios del gas, la seguridad de abastecimiento y la competitividad industrial, el canciller ha solicitado detener el desmantelamiento de algunas centrales y analizar el camino hacia una posible reapertura o incorporación de reactores modulares pequeños (SMR). Es un giro que refleja la urgencia de asegurar energía abundante y asequible, ante un contexto geopolítico y económico cada vez más volátil.
Cuando el abandono nuclear ya no puede ocultar su factura energética

Alemania cerró sus últimas centrales nucleares en abril de 2023, como parte de su estrategia-nacional de transición energética (‘Energiewende’), buscando combinar renovables, ahorro y eliminación progresiva de la fisión. Pero la realidad del mercado energético —acentuada por la invasión de Ucrania, los cortes al gas ruso y los elevados costos eléctricos— está obligando a Berlín a reconsiderar su hoja de ruta. El canciller ha pedido paralizar el proceso de desmantelamiento de las centrales cerradas y estudiar su posible reapertura, así como explorar nuevas tecnologías como los reactores modulares pequeños (SMR).
Este cambio tiene tres vectores fundamentales: primero, asegurar el suministro en un país con alta demanda industrial; segundo, abaratar costos frente a la volatilidad del gas y la dependencia importada; tercero, cumplir con los objetivos de descarbonización sin sacrificar la competitividad. La cuestión es si Alemania puede revertir una política largamente instaurada y en qué plazo.
Las razones del cambio: gas caro, industria presionada y renovables insuficientes por sí solas

La combinación de una industria pesada que se enfrenta a electricidad muy costosa y de una geopolítica que ha puesto al gas natural bajo presión, ha empujado a Alemania a poner sobre la mesa una vieja opción: la nuclear. Las renovables han avanzado, pero la intermitencia del viento y el sol sigue generando desafíos. Y en un país donde la manufactura y los procesos intensivos en energía son columna vertebral, esto no es un mero problema ambiental, es un problema económico.
Además, la dependencia de importaciones para cubrir los picos de demanda revela un riesgo de seguridad energética estructural. En este contexto, algunos partidos verdes y liberales han comenzado a reconocer que la eliminación completa de la nuclear podría haber sido precipitada. Ahora, la exploración de SMR —reactores más pequeños, modulares y con menor coste y menor huella— aparece como una alternativa que podría compatibilizar energía nuclear, descarbonización y agilidad.
El reencuentro de Alemania con la nuclear no es solo una cuestión técnica, sino también política: volver atrás requiere consenso, inversiones enormes y una logística de décadas.
Retos, peligros y la incógnita de los SMR en la apuesta alemana

Reactivar la nuclear no es tan sencillo como encender interruptores. Las tres piezas clave del rompecabezas español (y europeo) están sobre la mesa:
- ¿Qué hacer con el combustible y los residuos nucleares, cuya gestión es costosa y se extiende durante décadas?
- ¿Puede Alemania construir o importar SMR a tiempo y a costo competitivo?
- ¿Cómo gestionar el consenso social, los permisos y la burocracia que históricamente han frenado los grandes proyectos nucleares?
Además, si bien la nuclear aporta base e independencia energética, también implica riesgos reputacionales y de seguridad. Alemania tendrá que articular un plan de transición coherente: integrando renovables, almacenamiento y posiblemente la nuclear como respaldo firme, dejando atrás la visión de eliminación sin retorno.
La cuestión es si este giro germano será puntual o el preludio de un cambio más amplio en Europa, donde varios países están reevaluando la fisión como palanca de soberanía energética.
¿Qué implica esto para Europa y la competencia global?
El impacto no se limita a Alemania. Si la principal economía europea reconsidera la nuclear, puede cambiar la agenda del viejo continente. Podría reactivar la industria nuclear, influir en cadenas tecnológicas y en la percepción de la nuclear como parte del futuro energético, no solo del pasado.
También genera preguntas para países que abandonaron la nuclear por completo: ¿pueden permitirse no seguir este camino?, ¿cómo afectará esto a la política de descarbonización?, ¿y al desarrollo de la industria del hidrógeno y otras tecnologías limpias?
En un mundo donde el gas ya es inseguro y caro, la energía que antes era polémica podría convertirse en una opción pragmática. Y Alemania, que una vez fue abanderada del fin de la nuclear, podría volverse a colocar en la vanguardia de la fisión… si logra hacerlo sin repetir los errores del pasado.
[Fuente: ABC]
